Integrantes:
Daniela Miliani
Ernesto Figarella
Silvia Marquez
Emilia Zambrano
Luis peñalosa
Isabel Bertelsen
Mis guardias médicas
Recuerdo mi tercer año de medicina integral comunitaria en Ejido. Mi vida era muy común, en las tardes iba a clases y en las mañanas me dirigía a un consultorio a recibir mis prácticas médicas. Mi trabajo era tomar la tensión, pesar y medir a los niños y a los adultos.

En ese año comencé mis guardias médicas en el CDI, como cualquier estudiante, pero todo cambió. Una noche llegó una señora con una niña inconsciente que estaba defecada, vomitada y su rostro reflejaba una extraña expresión que no había visto antes en ningún ser humano. Me sorprendió sentir un escalofrío que recorría mi cuerpo al acostarla en la camilla. Llamé al médico de turno, ya que sentía que este caso no lo podía manejar yo. El médico, con la ayuda de las enfermeras, intentaron reanimarla, pero no respondía y por un instante perdió sus signos vitales. Todo continuaba muy raro, la niña seguía con su expresión extraña y no despertaba. En eso llegó su madre, pues la señora que la había traído era la tía. Angustiada, le pregunté por los antecedentes de su hija, la señora se mostró dudosa, pero intenté persuadirla y después de un tiempo, y tras ver el estado en que se encontraba su hija, me dijo: - Yo me casé con un señor que presentaba síntomas muy extraños, yo no supe, claro, sólo hasta después de haberme casado con él. Mi marido se ausentaba en las noches y regresaba en las mañanas con la ropa manchada de sangre, sin poder acordarse de lo que había hecho. Poco a poco fueron desapareciendo misteriosamente nuestros vecinos y conocidos, fue una época terrible, los familiares de los desaparecidos estaban devastados. Yo empecé a sospechar de mi marido, una noche, me quedé despierta y vi su transformación. Sus ojos estaban en blanco y la expresión de su rostro no era humana, intenté detenerlo para que no saliera y casi me ataca, pero algo lo hizo retroceder y abandonar la casa para siempre. Yo rogué para que mi hija naciera normal, y así fue, por un tiempo, hasta ahora, que mi hija se ha ahogado en su propio vómito de sangre porque se comió a su primito. ¡Ayúdenla por favor! - Cuando la señora terminó de hablar yo estaba pasmada. Seguidamente se escuchó un grito, la niña había mordido al médico. Para tranquilizarla se la sedó por una hora.

Cuando se quedó dormida fue remitida al IHULA para ser valorada por el psiquiatra de guardia, porque no estábamos preparados para este tipo de casos. Yo me sentí muy aliviada de que todo volviera a la normalidad.